Normalmente, es el Centro Nacional de Huracanes de EEUU, en Miami, el que hace el seguimiento de las tormentas, da la voz de alarma cuando una de ellas se ha convertido en huracán y le pone el nombre que le corresponde según la lista de la OMM.
A partir de ese momento, todos los medios de comunicación de la zona informan sin parar sobre el ciclón, ante el interés y el terror que despierta entre la población.
Cada año, hay un nombre de huracán por cada letra del abecedario. Cuando un ciclón es especialmente destructivo, como por ejemplo lo fue Mitch o Katrina, esos nombres ya no se vuelve a utilizar.
Los nombres que se han elegido para los ciclones de 2008 son:
Atlántico Pacífico
Arthur Alma
Berha Boris
Cristobal Christina
Dolly Douglas
Edouard Elida
Fay Fausto
Gustav Genevieve
Hanna Hernan
Ike Iselle
Josephine Julio
Kyle Karina
Laura Lowell
Marco Marie
Nana Norbert
Omar Odile
Paloma Polo
René Rachel
Sally Simon
Teddy Trudy
Vicky Vance
Wilfred Winny
Sea a través del nombre del santo del día, de mujeres o de hombres, la práctica de personalizar los huracanes va más allá del afán de los meteorólogos de informar con claridad sobre el peligro de los vientos. Se trata, además, de la vieja necesidad humana de explicar la naturaleza, de acercarla, de comprenderla y de dominarla a través del lenguaje.
Los hombres buscan el consuelo ante una tragedia contándosela a sí mismos y a las generaciones venideras, como si el peligro se pudiera conjurar a través del relato de lo sucedido. Como si a través del nombre se pudiese culpar a alguien de la catástrofe.





